Gracias a Claudia por improvisar tan lindo cuento. Sí, tratándose de ella tiendo a ser muy cursi.
Armentarius era una estrella joven y curiosa. Desde su nacimiento gustaba asomarse a la Tierra y ver a los humanos en su diaria actividad. Por supuesto, por la noche estaba bastante cansada como par brillar por lo que se iba a dormir y, a la primera luz del alba, despertaba para ver a los humanos.
Claro, es una estrella muy joven como para saber que cuando en un lado de la Tierra se hace de noche, amanece del otro.
Las demás estrellas se burlaban de la pequeña Armentarius pues era casi desconocida para los humanos mientras ellas se pavoneaban en el cielo estrellado de la noche.
Claro, su curiosidad por los hombres de cierto lugar impedía que, en otros donde era de noche, pudiera ser observada.
Armentarius soportaba las burlas gracias al apoyo de Betelgeuse, una vieja gigante roja que insistía en que no se dejara molestar por las demás estrellas. Ella, que no sabía poco de ciclos astronómicos, sabía que pronto llegaría su momento de brillar más que las demás.
Durante toda una semana, Armentarius vio que entre los hombres había gran alboroto y ella desconocía el motivo, así que puso mucha atención en sus acciones.
Llegó un día en que las calles estaban inusualmente ocupadas por los humanos cuando ocurrió el fenómeno que ellos estaban esperando: un eclipse solar.
Cuando la Luna eclipsó al Sol, pocas estrellas estaban preparadas y se pavoneaban del otro lado del globo donde era de noche por lo que, en el cielo oscurecido, los humanos pudieron apreciar una pequeña estrella que nunca antes habían visto claramente. Además de la constelación de Orión -Beteleguese luciéndose por todo lo alto de la bóveda celeste-, esta pequeña estrella estaba ahí arriba, completamente desconcertada por no entender lo que sucedía.
Pero no importaba que entendiera. La pequeña Armentarius tuvo dos minutos de presencia casi exclusiva como una estrella que no formaba parte de las viejas constelaciones. No era necesario más en su vida, así que decidió irse a pasear por el espacio sin necesidad de ser vista de nuevo ni de seguir viendo a los humanos. No porque ya no le interesaban sino porque tan solo ese momento de oscuridad a pleno día le fue suficiente para entenderlos: rutinarios, ensimismados. "Estuve frente a ellos durante mucho tiempo y hasta que ocurre algo extraordinario reparan en mi. Sorpresa en sus rostros. Lo único que en ellos me faltaba ver. Antes de que esa imagen se me borre, iré a ver otros mundos."
Y así lo hizo.
Armentarius, entonces, hizo honor a su nombre y se convirtió en la guía de un grupo de estrellas fugaces, de esas que sólo se ven cuando uno está poniendo mucha atención en las cosas que nos sacan de la rutina.

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