viernes, agosto 24, 2018

Recuento

Mi historia con Flavio González Mello se remonta a hace 11 años, pero tengo que echarme un poco más pa'trás.

2001 Decido no dedicarme a las ciencias ni a la investigación experimental como venía diciendo durante años.

2004 Obtengo el PECDA en el estado de Morelos. Decido que, si no entraba al CUEC, no iba a entrar a ninguna escuela.

2006 Decido que mi tercer intento de entrar al CUEC sería el último.

2007 Soy uno de los 15 admitidos al CUEC entre 503 aspirantes registrados, número que marcó un nuevo récord. En el Comité de Admisión estaban Afredo Joskowicz y Flavio González Mello; le llama la atención el título de mi guión escrito con el PECDA: "Proyecto Sin Título".

2008 Filmo un corto del que me avergüenzo enormemente en el que tuve la fortuna de colaborar con Dobrina Cristeva.

2009 Filmo un corto que estuvo encajonado durante 3 años. Es seleccionado en algunos festivales.

2010 Me invitan a trabajar como segundo asistente de dirección en un largometraje: "Nos Vemos, Papá". Lloré el día que la AD cantó el wrap-it-up. Esperé 10-8 años para ver ese guión filmarse.

2012 Filmo el primer corto con el que estoy personal y emocionalmente conectado, no sólo en términos formales. No es del agrado de los festivales. Dos de mis asesores fueron Alfredo Joskowicz y Flavio González Mello.

2014 Después de trabajar mucho en el departamento de sonido directo, soy invitado a trabajar como microfonista en "El Sueño del Maracame". La película será nominada al Ariel al Mejor Sonido; no sólo mi nombre no figura en la lista (por no haber sido cabeza de departamento), no soy invitado a la ceremonia en Bellas Artes.

2015, principios. Estreno la primera obra de teatro que escribo. Lloro en cabina al ver la cálida recepción del público que se encontraba involucrado con el montaje. El texto más personal que había escrito.

2015, finales. Le escribo a Flavio González Mello un mail cuyo subject resumía y explicitaba todo: "Quiero ser tu adjunto". La primera línea del cuerpo leía: "No importa la materia".

2016 Aproximadamente dos meses después del correo, soy adjunto de Flavio González Mello en tres materias de dirección cinematográfica. Llegué tarde a la primera clase. En dos años y medio, sólo se repitió ello una vez más y nunca he faltado de imprevisto. El mismo año, dirigo la serie estrella de Capital21 "ExploraDF": soy su primer realizador mexicano y cineasta de formación escolar.

2017 Me invitan a dar clases de asistencia de dirección de cine en la UPAEP y asisto dirección en una serie de coproducción México-Rusia a la que fui llamado por recomendación.

2018, principios. Después de asistir dirección en ocho películas y series después y de tres montajes teatrales dirigidos, Flavio González Mello me invita a asistirle dirección en su más reciente montaje; su oferta llegó con una frase: "Para este montaje, necesito a alguien de cine".

2018, mediados. Se estrena "Olimpia 68" en el teatro Julio Castillo, el mejor teatro de este país. Una vez acabada la función, lloro. Flavio González Mello se acerca a agradecerme, lo que es normal, pero su frase echó más agua en mis ojos: "Yo sabía que necesitaba a alguien de cine". Entonces me puse a berrear en un rincón.

Conclusión: soy el colaborador más llorón de este país lo que es una buena señal: me involucro con los proyectos a un profundo nivel emocional... lo que podría matarme a temprana edad, pero asegura mi compromiso.

domingo, septiembre 24, 2017

#19S #CDMX

¿Estrés post-traumático? Es decir, ¡vamos! ¿En serio, Dr. Google; enfermera Facebook?

Estaba en un lugar que, por lo menos 12 horas después del temblor, seguía en pie y en un radio de 1km no hubo mayores desastres que no fuera el del Hotel Fleming en Antonio M. Anza y Cuahutémoc (que hasta donde puedo averiguar sin haber regresado al sitio -aún-, se mantiene en pie). Sí, se cayeron lámparas y láminas del techo en el comercio de Pabellón Cuahutémoc donde me encontraba (una de ellas le cayó al lado a una de las recepcionistas del lugar que estaba haciendo tiempo para entrar a trabajar), pero no más. Sí, me quedé dentro del establecimiento pues estaba en el baño cuando el movimiento empezó y resultaba más seguro quedarme ahí que atravesar un salón donde láminas, lámparas y televisiones estaban cayendo. Sí, un intenso olor a gas nos acompañaba a los que cruzábamos el pasillo de la salida de emergencia (porque, sí, no fui el único que decidió era más seguro quedarse dentro de la plaza que intentar salir durante el temblor) y ya estando en el Ramón López Velarde, nos replegaban cada vez más y más hacia Toluca pues el olor se esparcía un par de centenas de metros. Sí, mi casa no sufrió daños y en menos de 30mins terminado el temblor, perdí y recuperé señal de 3G y recibí mensajes hasta de Graz, Austria, preguntando por mi estado y me logré comunicar con la banda que conozco en Puebla y con mis papás en Cuernavaca. Sí, ropa, zapatos, cosas de la escuela y llaves de mi casa se me quedaron dentro de un casillero dentro del baño de la plaza.

Sí. Y sin embargo, no tuve pérdidas materiales (más que un par de adornos que se rompieron en casa), mis queridos y amigos están bien y a algunos les fue peor en sus casas las cuales tuvieron que dejar por ser lugares no seguros. Fui criado en una casa a la que, dicen las leyendas (cuyo origen es que la casa fue construida por el ingeniero responsable de los puentes del Chepe), le puede pasar un tren encima y se mantendrá intacta, casa en la que me sorprendió el sismo de hace 32 años (que no recuerdo por no haber cumplido aún 3 años).

El terremoto del 7 me agarró en el sexto piso que es mi hogar y lo que más miedo me dio, es que fue en Chiapas/Oaxaca, donde vive mi madre y una de mis más antiguas y entrañables amistades; la verdad es que el veinte de la intensidad y posible gravedad de ese temblor me cayó cuando el movimiento estuvo cerca de acabar; mientras, yo escuchaba la alerta desde mi cama.

Pero resulta que tengo dos días pegado a las noticias y despertándome a las 3 de la mañana ante el sonido de las sirenas que pasan corriendo por Eje 3 Sur a la altura de Eje Central. No me es nuevo ni ajeno que mi edificio se meza un poco cuando pasan pesados camiones por ese cruce rumbo al oeste de la Ciudad, pero hoy, justo hoy, uno de esos 'arrullos' de mi casa me despertó y me hizo sentarme en la cama (con harta calma para no despertar a mi chaparrita) mientras revisaba en Twitter el SkyAlert para saber si sólo era paranoia o la alerta no había sonado (como no sonó ANTES del sismo de antier). Aunque me opuse a la idea de tenerlo preparado, no me he convencido de volver a guardar la transportadora, correa y arnés de mis gatijos que siguen cerca de la puerta de mi casa junto con un morralito que guarda una pila de emergencia para el celular, una lámpara (que otrora coronaba mi bicicleta, embodegada por una fractura mecánica que no he sido capaz de arreglar yo mismo ni me he dado tiempo de llevar a un taller) y una bolsita con catnip y premios para gato.

¿Porqué yo con estrés post-traumático? Es tan arrogante que escriba esto. ¿Porqué la arrogancia de tener estrés post-traumático? ¿Qué derecho tengo además del de haber estado dentro de un inmueble con piezas del techo caído durante el temblor, cuando gente que estaba conmigo en el mismo inmueble resultaron heridos?

Y no, no publico esto para recibir palmaditas en la espalda (no es apropósito, pero convenientemente es largo para que nadie lo lea completo), lo publico porque necesito publicarlo. Porque despierto y buscando si la alerta no había sonado hoy en la madrugada, descubro a amigos que también están durmiendo poco o no pueden hacerlo estando en circunstancias muy similares a las mías. No, no tengo derecho al estrés post-traumático. Tampoco tengo derecho al síndrome del superviviente pues, según el cuadro que describe la Wikipedia, no tengo las características ni condiciones circunstanciales para poderlo padecer. ¿Impotencia? Definitivamente no: hay hartas cosas que puedo estar haciendo y decido que mi aportación a ayudar a esta Ciudad a salir adelante es continuando con mi actividad pues, cuando las aguas se calmen, deberán volver a su cauce y le temo a los patrones a quienes sirvo... le temo a que no me paguen los patrones a quienes sirvo. Porque no habré perdido nada con el terremoto, pero aún así debo 3 meses de hipoteca.

No sé si ésto ha sido una catársis, sólo que necesitaba escribirlo. Y si sí es catártico, a modo de Bret Easton Ellis: "No hay razón para que te cuente nada de esto. Esta confesión no significa nada... "

martes, abril 01, 2014

Lugar Seguro

Ellos dos estaban tan sicronizados que cuando ella tenía SPM, las hormonas de él también se hacían un desmadre.

Por fortuna aún no vivían juntos y los días más álgidos sus horarios no coincidían por lo que era complicado verse. Entonces, ella se desahogaba con él, platicándole en pequeños mensajes de celular cada cosa que ocurría y la estaba molestandoincomodando y necesitaba ser abrazada y consentida constantemente y, sobretodo, vivir con él. Él siempre contestaba que sólo había que esperar unas semanas a que finalmente les entregaran el departamento que, coincidentemente, habían comprado el pasado 14 de febrero.

Cuando él padecía su TMS o SIM (por aquel nombre dado por el Dr.Gerard Lincoln), mentaba una madre séntida y sonora ante cada cosa que se peleaba con su analidad acentuada como la asimetría en la caída de las sábanas a los costados de su cama; gemía, gritaba, le hacía evidente a sus cohabitantes que estaba encabronado y suena el celular: un SMS de ella en donde despotrica; él se sienta en el bulto de sábanas y escribe: "Sólo son unas semanas más. Desahógate conmigo":

Mejor que ocurriera ese día que aquel día y no su primer mes juntos, que una tranquila tardenoche frente a la TV viendo pelis, los SPM, TMS y SIM entraran en vigor.

Cuando la película acaba, él no puede dejar de abrazarla y no consigue acallar sus suspiros. Esto la desconcierta; él manifiesta, como nunca lo había hecho, su misma urgencia de mudarse con ella. Pero ella no contesta como él porque el discurso es de él quien hoy no puede ocuparlo.

Los brazos de ella son cálidos y amorosos y sus mejillas tan tersas que dan ganas de no dejarlas de acariciar, como si el mundo se solucionara al tocarlas; como su fuesen la lámpara de la que saldrá un genio para arreglar las cosas (básicamente, sus hormonas, sus humores y sus prisas).

Entre sus brazos, tocando sus mejillas, oliendo su cabello, no hay lugar para esa entereza que el celular le permite aparentar. Es inevitable doblarse ante el amor que esa belleza proyecta pese a su propio reajuste mensual. Él es un niño ante esa mujer; no puede evitar rendirse.

Ojalá la película durara 672 horas durante las cuales ninguno de los dos tuviera que trabajar. Así podría estar arropado en esos brazos, acariciando esas mejillas mientras los regordetes dedos de ella se pasan tímidamente en el cabello de él.

El timing no pudo haber sido peor: ninguno podía reconfortar al otro pues en ese justo momento, no habría nada que pudieran decirse que fuese verdadero, mucho menos real.

Pero ella ofreció su piel para cobijarlo y él se asió de ella lo más que pudo.

Mañana podrán verse otro par de horas. Otro par de malditamente cortas horas. Pero serían perfectas. Perfectas porque las otras 22 que no estarían juntos, las dedicarían a que el resto de sus vidas ocurriesen con el mínimo de complicaciones (estrictamente necesarias para que la vida sea vivida).

Ella completa era su lugar seguro, en donde él recobraría fuerzas para enfrentarse a las siguientes 22 horas. 22 horas cada vez hasta que la proporción se invirtiera.

Y como frente a ella no tenía entonces la fuerza para decirle todo esto, llegó a casa y se lo escribió.


viernes, septiembre 13, 2013

Fatum

Los Dioses no sólo viven en el Cielo sino que, cuando bajan a la Tierra, lo pueden bajar con ellos.

¿Cómo le haces entender a ese ser mágico, inocente y, debido a no ser un humano, carente de los matices de las emociones humanas, que él sencillamente no se iba a quedar con ella?

Peor aún, ¿cómo le dices a un hada que el humano no se quedará con ella porque, básicamente, ella es un hada y él un humano?

Al mismo tiempo, habrá que saber cómo hacerle para que no crea que ha sido inútil el sacrificio que ella hace al abandonar su bosque, única cosa que conoce en pos de estar con el humano. Habrá que ingeniarse un modo de decirle la verdad sin hacerle creer que es una idiota por haber hecho lo que hizo.

Y es que, ¿en qué universo posible un hada estaría dispuesta a renunciar a su mundo? Y no sólo ello sino, ¿cómo entiendes que está dispuesta en convertirse en lo que no es? No sólo en lo que no es: ¡en lo que -simple y sencillamente- no puede ser?

El hada, que dominaba su bosque como se domina aquel lugar que es el único en el que has estado en tu vida, en el que revoloteaba entre los árboles y su tamaño y peso le permitía ser mecida por las hebras largas de la hierba, se obligó a cambiar su tamaño a uno que no sólo no era natural para ella sino que, además, ya no le dejaba moverse con la misma facilidad entre las ramas y que aplastaba la hierba. Tomó el tamaño del humano que la había fascinado, uno que hería a los insectos que otrora eran compañeros de juego. Era del tamaño del humano y podía verlo a los ojos y tomar su mano y sentir esa piel velluda que lo emparentaba con los animales que ella había vigilado en noches tormentosas.

Pero estaba aquello a terminar en un rotundo fracaso pues no había manera de que ella pudiese entender del todo al humano, con su gran rango de -erráticas- emociones. Y no es que el hada sólo tuviera una o dos; pero es que carece de la gama infinita del hombre. ¡Y que bueno! Que por eso son seres mágicos. ¿Qué pensabas? ¿Que porque poseen alas y son del tamaño de un palmo? Que pensamiento tan elemental.

El hada estudió a su hombre. Pensó que siendo aún más como él se acercaría a un entendimiento más holístico del ser que le fascinaba de tal manera que quería ser uno. Así pues, cubrió su cuerpo con ropas. Cubrió su cuerpo modificado con mantos hechos a partir de fibras que en su bosque había cubierto de rocío. Su cuerpo modificado con senos y unos sensibles pezones que, por más que lo intentara, nunca comprendería su función -y no la biológica, que es hada no pendeja.

Una sonrisa vertical salivaba sin motivo aparente y, al no poder evitarlo, tuvo que ocultar, junto con ella, la única parte 100% carente de vello en el cuerpo de los animales con los que no conviviría más. Calzones le llamaban a aquella prenda muy en particular. La palabra siempre le sonará a corazones. Y sólo por eso tenía sentido llevarlos puestos.

Cuando finalmente hubo tenido el cuerpo que veía atraía evidentemente a su humano, fue momento de hacerse de sus costumbres, costumbres que le parecían barbáricas pues se basaban, principalmente, en el hedonismo -aunque ella no conociera la palabra- que, invariablemente, terminaban por destruir el cuerpo, ese cuerpo nuevo que aún no acababa de entender y que ya tenía que empezar a destruir.

Mudóse, como era natural, a la ciudad y como es inevitable el caer en los clichés al pretender describir lo que el hada -que, pese a ser una ella, no puedo llamarla 'la hada'- experimentó al estar en este lugar, sólo haré énfasis en que los parques y jardines eran sus lugares favoritos, naturalmente -¿cacharon el juego de palabras?

Cada día que pasaba, el hada era más mujer y, como todo aquél que encuentra fascinación en algo que, simplemente, no puede ser, el hada se fue perdiendo poco a poco en un profundo círculo de humanidad. Mientras más comprendía a los humanos, menos quería volver a ser hada: el libre albedrío, el desafío al ser, la eterna paranoia de que, si no lo son, pueden ser dioses.

Cuando ella cobra consciencia de esto, habrá llegado al punto de no retorno: Ella no tiene que pretender ser un dios. Ella era un ser mágico que hizo reaparecer en su espalda apéndices que si bien ya no podían elevarla en el fino viento, recordaban su naturaleza y concluían la deseada naturaleza del hombre.

Así es como este mágico ser modificó su cuerpo, su hogar y sus costumbres hipnotizada con el mundo de los hombres, seres que anhelan ser dioses. ¿Porqué nunca regresó a su forma original? ¿A jugar con insectos, mecerse en las largas hebras de la hierba, despojarse de esas innaturales ropas? Porque estaba ya muy sumergida en el mundo del humano, en la cabeza del humano. Estaba TAN sumergida que se dio cuenta: yo sí puedo ser un dios.

Extendió sus alas, se dejó solamente la ropa necesaria para cubrir sus partes distintivamente humanas, se prendió un cigarro -que siempre le daba una sensación de poder- y se paró frente a la puerta de entrada del departamento de su humano. Cuando llegara le enseñaría ese pedacito de cielo que se trajo desde su bosque y que ocultaba dentro de su bosque. Entre sus piernas. Su humano, su hombre, ese mismo día, flecharía su corazón.




sábado, marzo 09, 2013

Una Mente Inquieta


Las gripas de verano era de las enfermedades que más detestaba. Todos sabemos que no es la peor de éstas, pero él la detestaba por lo incómodo que era; por lo rápido que se deshidrataba al tener que mantenerse cobijado aún con el rampante sol de medio día; por no poderse bañar para quitarse la asquerosa sensación del humor pegajoso; por tenerse que meter un coctel de pastillas de tres a cuatro veces al día.


Así, con las terribles molestias, se acostó a ver televisión esperando que el té nocturno hiciera efecto y al mismo tiempo que soltó un fuerte estornudo, toda la casa cayó en penumbra al igual que toda la cuadra hecho que supo debido a que el resplandor del arbotante de enfrente había desaparecido.

La luz se había ido y él había a penas dado el primer trago al té que tiró de un manotazo al quererlo alcanzar a tientas. La situación no podía estar más jodida pues, no importando lo enfermo que estaba, no conseguía dormirse por sus propios medios. Mucho menos después de las largas siestas que los antiestanímicos le daban por la tarde.
Dio vueltas en su cama durante varias horas hasta que finalmente el sueño lo terminó derrotando... para bien.

A la mañana siguiente, la muchacha de aseo entró para despertarlo y hacerlo tomar su pastilla aunque, en realidad, sabía que él lo que quería era mantener una cierta cotidianeidad durante su enfermedad y el insoportable verano. Pero por más que la muchacha lo sacudió, éste no despertaba. Curioso, además, era el hecho de que se hubiera dormido con la televisión encendida pues siempre programa el sleep, aún en la etapa más severa de su enfermedad hacía sólo un par de días.

El médico dictaminó que un estornudo le reventó venas esenciales que corren muy cercanas al corazón: una muerte fulminante pero tranquila. ¿Cómo tranquila una muerte así?, se preguntaba todo el mundo. El médico explicó que, con una muerte de ese tipo, el cerebro se desconecta automáticamente precísamente para evitar la agonía; perdió la consciencia en el mismo momento que ocurrió el estallido. "Seguramente ni se dio cuenta de lo que le ocurrió".

martes, enero 22, 2013

Fría y Sonroja


Dhalsim: a pesar de la distancia, distanciamientos y alejamientos
nunca me has perdido...
y nunca me alejaré...
no del todo.


Cuando se habla de la muerte y llego a escuchar algo, la piel se me enfría y
Step inside the corridor
el cerebro empalidece. Sólo una vez la he tenido cerca y se coló sin avisar por la
Feel your soul invade your senses
ranura de la puerta de la entrada. Sigilosa subió las escaleras de mármol, las
Spirits at the gate of winter
cuales, debió de sentir tremendamente cálidas bajo sus entumecidas plantas.
Ready for the seassons countdown.

No distingo la diferencia entre aceptar la muerte y creer que alguien haya

muerto. Hoy murió uno de los seres más queridos de un muy querido ser mio. La
So, here we go
muerte lo encontró en ese lugar donde se supone que es un santuario de la vida y
The gate is open
es -oh, parajoda- donde más se suelencontrar.
All your past remains in silence

Pienso lo que voy a escribir antes de teclearlo, y no puedo creer -la
But your future is unsure
aceptación vendrá más tarde, aunque nunca me dé cuenta- que este hombre de
You plan to go away.
tremendo valor haya fenecido de forma tan sencilla. Era anunciada, claro, pero se
hizo notar hace cinco años cuando el valiente hombre supo escupirle en una de
Never thought that your mind was away
sus huecas cuencas donde hubo alguna vez ojos -o quizá nunca los hubo y así,
Never felt the way you wanted
tremendo tino tiene para no fallar nunca, por más parodias que se le hagan;
Never kept you by my side
piénselo bien, nunca falla- para dárselujo de pitorrearse en el mundo a su antojo.
Now you belong

Tan bien librado no quedó: nunca lo vi volver a mover el brazo derecho ni
You're obviously mine.
caminar sin ese Resortérico cojeo. Tampoco pude mantener una conversación
como las que teníamos hace seis años ni tampoco me hizo saltar el corazón en
Jeannie calm down
cada barbaridad que hacía al volante. Ahora que lo pienso, nunca me volví a subir
Jeannie calm down
a esa destartalada troca Nissan roja. Y ahora que lo pienso mejor -después de 80
Close your desires
golpes se aclaran muchas cosas-, nunca volví a ver esa troca que hizo unaudáz
And burn 'em with fire.
parada conmigo arriba cuando debía de haber estado en un pupitre.

Nunca volvió a conversar como antes, pero hombre tan valiente no podía
Jeannie calm down
mantenerse callado en ningún momento. Nunca volvió a mover el brazo derecho,
Jeannie calm down
pero con la izquierda tenía para poder humillarnos a quienes teníamos la ventaja
And feel me.
de usar ambas. Nunca volvió a caminar sin ese Resortérico cojeo, pero caminaba

más que muchas personas que conozco. Nunca volvió a manejar, pero no lo
Seven strangers on your door
necesitaba; quizá se burlaba de todos y su cojeo no era otra cosa que una parodia
Feeling like you were behind them
de nosotros mismos que nunca sentimos lástima por él -o no nos dejó tenerla.
Listen to one hundred knokcs

Don Ricardo se fue, que ni qué -y a sorpresa mía, me he dado cuenta de la
The measure of the sound of wisdom
aceptación-, pero como Pachito Rex: no del todo. Tan que no, que puedo darmelujo

de escribir sobrel como si hubiera sido uno de aquellos que más lo convivivó.
So, here we go
Quizá el tono en que he tecleado no sea el correcto, pero lo siento, no le siento
The door is open
respeto a la muerte. Siento, más bien, un profundo amor. La amo tanto, que la veo
All your past remains in silence
fría y sonrojada: coqueta. No se mal interpreten mis pisadas: de qué otra forma
Now your future is sure
podría ser si no la amara. Les diré: si no lamara, le temería, y me la pasaría todo
A plan to go away.
el tiempo huyendo della siendo -terriblemente- derrotado para cuando

mencontrara. Entonces, mejor la amo, y labrazo en el cuerpo, pues en él, la tengo
Jeannie calm down
a cada segundo, así como tú, queridísimo lector: compartes esta convivencia con
Jeannie calm down
la muerte -oh, paradoja.
Close your desires

Así sé que cuando el momento llegue en que ella desee tomar esta
And burn 'em with fire.
carcaza móvil de mis visceras que la gente suele llamar cuerpo, no habré de
Always dreaming
temer, pues habré temido tanto en mi vida que ¿de qué sirve que tema cuando ya
Always screamming
no la tengo?
Close your eyes

Martes 19 de febrero de 2002

And feel me.










domingo, noviembre 25, 2012

Estrella Diurna


Gracias a Claudia por improvisar tan lindo cuento. Sí, tratándose de ella tiendo a ser muy cursi.

Armentarius era una estrella joven y curiosa. Desde su nacimiento gustaba asomarse a la Tierra y ver a los humanos en su diaria actividad. Por supuesto, por la noche estaba bastante cansada como par brillar por lo que se iba a dormir y, a la primera luz del alba, despertaba para ver a los humanos.

Claro, es una estrella muy joven como para saber que cuando en un lado de la Tierra se hace de noche, amanece del otro.

Las demás estrellas se burlaban de la pequeña Armentarius pues era casi desconocida para los humanos mientras ellas se pavoneaban en el cielo estrellado de la noche.

Claro, su curiosidad por los hombres de cierto lugar impedía que, en otros donde era de noche, pudiera ser observada.

Armentarius soportaba las burlas gracias al apoyo de Betelgeuse, una vieja gigante roja que insistía en que no se dejara molestar por las demás estrellas. Ella, que no sabía poco de ciclos astronómicos, sabía que pronto llegaría su momento de brillar más que las demás.

Durante toda una semana, Armentarius vio que entre los hombres había gran alboroto y ella desconocía el motivo, así que puso mucha atención en sus acciones.

Llegó un día en que las calles estaban inusualmente ocupadas por los humanos cuando ocurrió el fenómeno que ellos estaban esperando: un eclipse solar.

Cuando la Luna eclipsó al Sol, pocas estrellas estaban preparadas y se pavoneaban del otro lado del globo donde era de noche por lo que, en el cielo oscurecido, los humanos pudieron apreciar una pequeña estrella que nunca antes habían visto claramente. Además de la constelación de Orión -Beteleguese luciéndose por todo lo alto de la bóveda celeste-, esta pequeña estrella estaba ahí arriba, completamente desconcertada por no entender lo que sucedía.

Pero no importaba que entendiera. La pequeña Armentarius tuvo dos minutos de presencia casi exclusiva como una estrella que no formaba parte de las viejas constelaciones. No era necesario más en su vida, así que decidió irse a pasear por el espacio sin necesidad de ser vista de nuevo ni de seguir viendo a los humanos. No porque ya no le interesaban sino porque tan solo ese momento de oscuridad a pleno día le fue suficiente para entenderlos: rutinarios, ensimismados. "Estuve frente a ellos durante mucho tiempo y hasta que ocurre algo extraordinario reparan en mi. Sorpresa en sus rostros. Lo único que en ellos me faltaba ver. Antes de que esa imagen se me borre, iré a ver otros mundos."

Y así lo hizo.

Armentarius, entonces, hizo honor a su nombre y se convirtió en la guía de un grupo de estrellas fugaces, de esas que sólo se ven cuando uno está poniendo mucha atención en las cosas que nos sacan de la rutina.