Mi historia con Flavio González Mello se remonta a hace 11 años, pero tengo que echarme un poco más pa'trás.
2001 Decido no dedicarme a las ciencias ni a la investigación experimental como venía diciendo durante años.
2004 Obtengo el PECDA en el estado de Morelos. Decido que, si no entraba al CUEC, no iba a entrar a ninguna escuela.
2006 Decido que mi tercer intento de entrar al CUEC sería el último.
2007 Soy uno de los 15 admitidos al CUEC entre 503 aspirantes registrados, número que marcó un nuevo récord. En el Comité de Admisión estaban Afredo Joskowicz y Flavio González Mello; le llama la atención el título de mi guión escrito con el PECDA: "Proyecto Sin Título".
2008 Filmo un corto del que me avergüenzo enormemente en el que tuve la fortuna de colaborar con Dobrina Cristeva.
2009 Filmo un corto que estuvo encajonado durante 3 años. Es seleccionado en algunos festivales.
2010 Me invitan a trabajar como segundo asistente de dirección en un largometraje: "Nos Vemos, Papá". Lloré el día que la AD cantó el wrap-it-up. Esperé 10-8 años para ver ese guión filmarse.
2012 Filmo el primer corto con el que estoy personal y emocionalmente conectado, no sólo en términos formales. No es del agrado de los festivales. Dos de mis asesores fueron Alfredo Joskowicz y Flavio González Mello.
2014 Después de trabajar mucho en el departamento de sonido directo, soy invitado a trabajar como microfonista en "El Sueño del Maracame". La película será nominada al Ariel al Mejor Sonido; no sólo mi nombre no figura en la lista (por no haber sido cabeza de departamento), no soy invitado a la ceremonia en Bellas Artes.
2015, principios. Estreno la primera obra de teatro que escribo. Lloro en cabina al ver la cálida recepción del público que se encontraba involucrado con el montaje. El texto más personal que había escrito.
2015, finales. Le escribo a Flavio González Mello un mail cuyo subject resumía y explicitaba todo: "Quiero ser tu adjunto". La primera línea del cuerpo leía: "No importa la materia".
2016 Aproximadamente dos meses después del correo, soy adjunto de Flavio González Mello en tres materias de dirección cinematográfica. Llegué tarde a la primera clase. En dos años y medio, sólo se repitió ello una vez más y nunca he faltado de imprevisto. El mismo año, dirigo la serie estrella de Capital21 "ExploraDF": soy su primer realizador mexicano y cineasta de formación escolar.
2017 Me invitan a dar clases de asistencia de dirección de cine en la UPAEP y asisto dirección en una serie de coproducción México-Rusia a la que fui llamado por recomendación.
2018, principios. Después de asistir dirección en ocho películas y series después y de tres montajes teatrales dirigidos, Flavio González Mello me invita a asistirle dirección en su más reciente montaje; su oferta llegó con una frase: "Para este montaje, necesito a alguien de cine".
2018, mediados. Se estrena "Olimpia 68" en el teatro Julio Castillo, el mejor teatro de este país. Una vez acabada la función, lloro. Flavio González Mello se acerca a agradecerme, lo que es normal, pero su frase echó más agua en mis ojos: "Yo sabía que necesitaba a alguien de cine". Entonces me puse a berrear en un rincón.
Conclusión: soy el colaborador más llorón de este país lo que es una buena señal: me involucro con los proyectos a un profundo nivel emocional... lo que podría matarme a temprana edad, pero asegura mi compromiso.
Así, con las terribles molestias, se acostó a ver televisión esperando que el té nocturno hiciera efecto y al mismo tiempo que soltó un fuerte estornudo, toda la casa cayó en penumbra al igual que toda la cuadra hecho que supo debido a que el resplandor del arbotante de enfrente había desaparecido.
La luz se había ido y él había a penas dado el primer trago al té que tiró de un manotazo al quererlo alcanzar a tientas. La situación no podía estar más jodida pues, no importando lo enfermo que estaba, no conseguía dormirse por sus propios medios. Mucho menos después de las largas siestas que los antiestanímicos le daban por la tarde.
Dio vueltas en su cama durante varias horas hasta que finalmente el sueño lo terminó derrotando... para bien.
A la mañana siguiente, la muchacha de aseo entró para despertarlo y hacerlo tomar su pastilla aunque, en realidad, sabía que él lo que quería era mantener una cierta cotidianeidad durante su enfermedad y el insoportable verano. Pero por más que la muchacha lo sacudió, éste no despertaba. Curioso, además, era el hecho de que se hubiera dormido con la televisión encendida pues siempre programa el sleep, aún en la etapa más severa de su enfermedad hacía sólo un par de días.
El médico dictaminó que un estornudo le reventó venas esenciales que corren muy cercanas al corazón: una muerte fulminante pero tranquila. ¿Cómo tranquila una muerte así?, se preguntaba todo el mundo. El médico explicó que, con una muerte de ese tipo, el cerebro se desconecta automáticamente precísamente para evitar la agonía; perdió la consciencia en el mismo momento que ocurrió el estallido. "Seguramente ni se dio cuenta de lo que le ocurrió".







