domingo, noviembre 25, 2012

Estrella Diurna


Gracias a Claudia por improvisar tan lindo cuento. Sí, tratándose de ella tiendo a ser muy cursi.

Armentarius era una estrella joven y curiosa. Desde su nacimiento gustaba asomarse a la Tierra y ver a los humanos en su diaria actividad. Por supuesto, por la noche estaba bastante cansada como par brillar por lo que se iba a dormir y, a la primera luz del alba, despertaba para ver a los humanos.

Claro, es una estrella muy joven como para saber que cuando en un lado de la Tierra se hace de noche, amanece del otro.

Las demás estrellas se burlaban de la pequeña Armentarius pues era casi desconocida para los humanos mientras ellas se pavoneaban en el cielo estrellado de la noche.

Claro, su curiosidad por los hombres de cierto lugar impedía que, en otros donde era de noche, pudiera ser observada.

Armentarius soportaba las burlas gracias al apoyo de Betelgeuse, una vieja gigante roja que insistía en que no se dejara molestar por las demás estrellas. Ella, que no sabía poco de ciclos astronómicos, sabía que pronto llegaría su momento de brillar más que las demás.

Durante toda una semana, Armentarius vio que entre los hombres había gran alboroto y ella desconocía el motivo, así que puso mucha atención en sus acciones.

Llegó un día en que las calles estaban inusualmente ocupadas por los humanos cuando ocurrió el fenómeno que ellos estaban esperando: un eclipse solar.

Cuando la Luna eclipsó al Sol, pocas estrellas estaban preparadas y se pavoneaban del otro lado del globo donde era de noche por lo que, en el cielo oscurecido, los humanos pudieron apreciar una pequeña estrella que nunca antes habían visto claramente. Además de la constelación de Orión -Beteleguese luciéndose por todo lo alto de la bóveda celeste-, esta pequeña estrella estaba ahí arriba, completamente desconcertada por no entender lo que sucedía.

Pero no importaba que entendiera. La pequeña Armentarius tuvo dos minutos de presencia casi exclusiva como una estrella que no formaba parte de las viejas constelaciones. No era necesario más en su vida, así que decidió irse a pasear por el espacio sin necesidad de ser vista de nuevo ni de seguir viendo a los humanos. No porque ya no le interesaban sino porque tan solo ese momento de oscuridad a pleno día le fue suficiente para entenderlos: rutinarios, ensimismados. "Estuve frente a ellos durante mucho tiempo y hasta que ocurre algo extraordinario reparan en mi. Sorpresa en sus rostros. Lo único que en ellos me faltaba ver. Antes de que esa imagen se me borre, iré a ver otros mundos."

Y así lo hizo.

Armentarius, entonces, hizo honor a su nombre y se convirtió en la guía de un grupo de estrellas fugaces, de esas que sólo se ven cuando uno está poniendo mucha atención en las cosas que nos sacan de la rutina.


lunes, noviembre 19, 2012

Apaga La Luz

Apaga la luz justo después de que me haya ido. La oscuridad no hará que olvides mi ausencia, pero engañará a tus ojos y dejará que tus sentidos jueguen con tus sensaciones. No hay mejor afrodisíaco que la imaginación.

Y si bien sé perfectamente que las imágenes se agotan, invoca que mi presencia se vuelva a hacer mañana para que, en el peor de los casos, ocurra dentro de pocos días.

No me engaño: presencia que se hace poco, desgasta lo que había mucho. Pero yo tampoco vendo piñas. El camino a casa que emprendo cada vez que te doy ese último beso físico es torturante pues me llevo la embelesante sensación en los labios rogando por que no se extinga, por que me deje fijar en todas mis células la memoria de lo que se siente, de que cada beso es distinto pero puedo reconocer quien los da, quien los recibe.

Entonces llego a casa y me muevo en poca luz, para no darme cuenta por los ojos de que ya no estoy en tu espacio. Embelesado con tus besos, mi nariz tardará en darse cuenta de que mis sábanas huelen poco a ti pues mis labios prendados de tus labios resaltarán esas células que tu cuerpo desprendió en mi colchón donde aún viven.

Piensa que lo mismo que padeces tú cuando me voy lo padezco yo cuando me despido. Seré el primero que impida que tus células mueran, que mis labios dejen de sentir ese beso.

Por la mañana hay que trabajar y la noche me dará sólo un par de horas para impregnarme de tu aroma, para que los pocos centímetros libres de mi piel se friccionen con los tuyos antes de que, de nuevo, seamos sólo piel y manaciones físicas.

Entonces, apaga la luz después de que me haya ido. Yo no la prenderé cuando llegue. En la oscuridad, tus manos contra tu cuerpo descubrirán mi tacto. En la oscuridad elaboraré escenas de la película "Cuando Te Tenga Desnuda Entre Mis Brazos" que, hasta que sean representadas, se proyectan en la pantalla de mi mente. Y para que eso funcione, tengo que apagar la luz.

Y así apago la luz para seguirte viendo cuando ya no te veo.

miércoles, noviembre 14, 2012

Ronrroneo (verbo y sustantivo)

Soy un gato. No es que sea huraño, pero prefiero no ser visto. Me gusta ocultarme en las sombras y que me delate el resplandor de mis ojos.

Me gusta salir en la oscuridad, cuando el lugar de verdad me pertenece y mi dueña no puede divisarme.

Me gusta más mi dueña cuando, aún en la oscuridad, cierra los ojos y entonces es aún más incapaz de enterarse de nada.

Entonces me gusta subir a esa superficie mullida, su cama, y meterme dentro de sus sábanas. Soy un gato y me gustan los lugares suaves y calientes... y oscuros.

Y justo por eso me meto dentro de las sábanas y desciendo hacia un lugar donde puedo acomodarme entre las piernas, donde, aunque mi movilidad pueda ser poca, la temperatura y suavidad son incomparables.

Pero, ¿ya dije que me gustan los lugares suaves, calientes y oscuros? Es que acomodarme entre las piernas es un mero pretexto. Y, ¡vamos!, soy un gato. No me conformo con poco. ¿Qué tal tener dos lugares suaves, calientes y oscuros al mismo tiempo?

Entonces mi rostro se acerca a esa zona justo donde las piernas terminan... o empiezan, desde el polo que quieran verlo. Es un lugar sagrado pues lo expone poco y, cuando lo hace, pocas veces es sola, es decir, sin compañía de él, quien osa acostarse en esa que es casi MI cama y, peor aún, se adueña de mis dos lugares suaves, calientes y oscuros al mismo tiempo.

Y es que, no lo puedo culpar. Es decir, sé lo rico que estar bajo las sábanas de la cama de mi dueña y, aunque no he podido estar en ese otro lugar que tanto codicio y él domina, me he podido recostar sobre/entre él muchas veces. Es un lugar donde no hay preocupaciones. Sólo hace falta estar cerca de él para saberse seguro. Y el mundo deja de existir. ¡Incluso para un gato, que puede ver en la oscuridad!

Es por eso que me acuesto ahí, todas las noches. No hay mejor lugar que estar que entre las piernas de mi dueña. Lo mejor del caso, es que sé que le gusta que estemos ahí. La mirada que tiene cuando él me roba mis lugares no puede describirse de ninguna manera así como tampoco se puede describir lo bien que ella duerme cuando yo estoy ahí.

Y, digo, no estoy siendo poético sino que, de verdad no lo puedo saber. No es algo que ella me comunique. Pero el cómo acaricia mi cabeza cuando me ha sentido entre ella, me hace recordar la manera en que lo acaricia a él cuando me usurpa.

Soy un gato. Y sé que mi dueña me quiere más que a él no porque tenga yo la prerrogativa de pasar todas las noches entre sus piernas y él no, sino porque jamás he escuchado una respiración tan tranquila como cuando estoy en su entrepierna, me acaricia la cabeza y yo ronrroneo.